La ilusión de un hogar
albadigital.es: 9:04 12-03-2010La ilusión de un hogar
Desde hace 40 años la Fundación Apsuria -declarada de utilidad pública y sin ánimo de lucro- atiende a niños y adultos gravemente afectados por alguna discapacidad (síndromes severos, parálisis cerebral, autismo…). Comenzó siendo un centro de rehabilitación al que se añadieron después otros servicios como logopedia o musicoterapia. Hasta que se convirtió también, años después, en un centro de educación especial.
A medida que pasaba el tiempo, los niños de Apsuria -denominada entonces Centro Virgen de Nuria- se iban haciendo mayores y, por ley, no podían continuar en el colegio. Entonces la Asociación de padres compró un chalet adosado al que tenía para poder instalar en él a los mayores. Para hacer frente a esta nueva etapa, los implicados pidieron hasta 25 créditos personales de dos millones de pesetas que fueron pagando con las ayudas de los socios.
Poco después llegó una tercera fase: muchos de esos niños, ya adultos, se iban quedando sin padres o éstos estaban tan mayores que no podían cuidar de ellos correctamente. Se hacía necesario un centro en el que acoger, de manera permanente, a estos discapacitados.
Nuevamente, Apsuria se lanzó a la piscina y decidió construir un centro-residencia de 70 plazas -pensaba hacer 35 pero la Comunidad de Madrid le pidió el doble, con el compromiso de concertar todas las plazas cuando estuviera en marcha- en el que los niños de la Fundación tendrían asegurado un futuro, y los padres la tranquilidad de saber que, cuando ellos faltaran, su hijo estaría a salvo.
El proyecto, que se bautizó con el nombre de Proyecto Ilusión, suponía un esfuerzo económico enorme para Apsuria, pero había que hacerlo, el bienestar de sus familias estaba en juego; así que en septiembre de 2008, después de dos años de obras y de más de seis millones de euros de inversión, el centro estaba preparado para abrir sus puertas y acoger a esos 70 niños y adultos por los que se había construido.
Un tercer piso sin ascensor
Pero, también en septiembre de 2008, la crisis económica hizo mella en las arcas públicas y el concierto económico no llegó. El Proyecto Ilusión, que estaba preparado para funcionar con mucha financiación pública (casi el 80% de los gastos) y poca privada (la de socios y empresas protectoras), se quedó sin fondos. De las 70 plazas, en noviembre de 2009 -tras firmar un primer convenio con la Comunidad de Madrid por 35 plazas- comenzaron a ocuparse las primeras, solamente 18.
Hasta aquí la descripción económica de una Fundación que, como tantas otras instituciones, se enfrenta a dificultades económicas.
A partir de ahora, las historias humanas de quienes ven peligrar el esfuerzo de tantos años, de quien está con las maletas hechas esperando una llamada que le diga que tiene plaza en Apsuria y de quien ve sufrir a su mujer, con la espalda destrozada por subir, desde hace 30 años, a su hijo enfermo hasta un tercero sin ascensor. De las vidas que están detrás de Apsuria.
Y detrás de Apsuria están, en primer lugar, Fernando López Abad y Nuria de la Hoz Rodríguez. Se conocieron en el Hospital La Paz, trabajando con niños con lesiones cerebrales hace más de 40 años. Marido y mujer, son los creadores de este proyecto tan necesario.
“Cuando tienes un niño con discapacidad y sales del hospital, los primeros años de vida los pasas en el coche llevando al niño a logopedia, a psicomotricidad, a esto a lo otro…”, explica Nuria López de la Hoz, actual directora del centro de educación especial. “La idea de Virgen de Nuria era intentar facilitar la vida del niño y de la familia unificando en un mismo sitio todos los tratamientos”.
Comenzaron en su propia casa hasta que por fin pudieron trasladarse al chalet. ¿Por qué? “En mi familia siempre hemos sido de echar una mano; de, ante un problema, ponernos manos a la obra para solucionarlo; mis padres pensaron que estos niños necesitaban ayuda porque hace 30 años el servicio de La Paz estaba saturado, y decidieron dejar su trabajo y centrarse en ayudar a los discapacitados”, explica Nuria.
Una planta entera, desierta
Y así, centrados en ayudar a los discapacitados, han vivido desde entonces. “Mi padre hace muchos años que tenía que estar jubilado y descansando, y sin embargo sigue viniendo todos los días, a las seis de la mañana, para ver qué tal han pasado la noche”, explica una emocionada Nuria, que reconoce estar pasando los “peores años” de su vida.
“Además de ser la directora del centro infantil, soy la encargada de recaudar fondos, por lo que llevo sobre mi espalda la responsabilidad de que, si yo no lo hago bien, esto se hunde”.
Esto sí que lo arreglamos entre todos
Fundación Apsuria. www.apsuria.org. Tfno: 916 622 498. Núm. Cta: 2100 2127 17 0200338139
* Reportaje íntegro en el número 268 del semanario, desde el 12 de marzo en los quioscos.
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