¿Un guerrero a los altares? El “Daimió de Cristo” (Segunda parte)

eclesiales.org: 15:47 22-01-2014

¿Un guerrero a los altares? El “Daimió de Cristo” (Segunda parte)
En el funeral budista de Nobunaga, quien fue líder de prácticamente todo Japón, Justo dio muestra de su entereza y coherencia cristiana. La ceremonia fúnebre se desarrolló con gran pompa y se observaron cuidadosos rituales. En el momento en que se encendieron los palillos de incienso simbolizando un rito budista, todos los asistentes se pusieron de pie. Justo Takayama permaneció sentado. Eso hubiera sido tomado como una gran ofensa, pero conscientes los samurai de la confesión cristiana de Takayama lo respetaron por un integridad y la lealtad a su fe. Hideyoshi mismo ignoró lo que pudo ser un incidente serio.

Guerras y persecuciones

A finales de 1582 Hideyoshi envió a Takayama hacia el norte de Omi, y le encomendó una fortaleza de crítica importancia: Iwasakiyama. Meses después, en 1583, fue atacado su castillo por fuerzas de Sakuma Morimasa, y el asedio fue tal que Takayama se vio obligado a abandonar Iwasakiyama. La campaña culmino cuando Sakuma fue derrotado por Hideyoshi, cuya estrella brillaba más y más.
Siempre noble vasallo de Hideyoshi, fue enviado a Shikoku y en 1585 fue enviado como señor del castillo Akashi. Tal como había hecho en Takatsuki, Justo se dedicó a predicar el evangelio y dar un testimonio de vida cristiana, lo que produjo muchísimas conversiones de budistas a cristianos. Los monjes budistas locales se perturbaron mucho, pero sus acciones no recibieron el respaldo de Hideyoshi quien seguía tolerando el cristianismo de daimió Takayama.

En su esfuerzo de unificación del Japón bajo un solo poder, Hideyoshi, que ya había sido nominado Kampaku, especie de regente imperial, se legitimó al ser incorporado al noble clan de los Fujiwara. El tolerante Hideyoshi se convirtió en el intolerante cuando decidió someter a la isla de Kyushu bajo su autoridad. Kyushu era el rostro internacional de Japón con un fructífero comercio con China, Corea, Portugal and y otras naciones. Era la puerta de ingreso a Japón. Muchos de los daimios de Kyushu se habían convertido al catolicismo bajo la influencia de los misioneros portugueses, y con ellos amplios sectores de la población. Hideyoshi vio esto como un peligro y dio un edicto contra los cristianos.

Takayama recibió el mensaje de que si no renegaba del cristianismo, entonces le sería retirado su cargo, encargos y castillo y tierras. Justo no se amedrentó y entregó todo, pues su Señor Jesucristo era el Señor y no el Shogún Hideyoshi. En esta situación su padre Darío fue con él, y falleció muy pronto. En esta persecución laicos cristianos y sacerdotes que se habían negado a salir del país con el edicto de expulsión de todos los extranjeros fueron detenidos y crucificados. La cruenta aplicación del edicto llevó a los cristianos a pasar a la clandestinidad.

¿Por qué no fue martirizado Justo Takayama?

En un primer momento, probablemente agradecido por la lealtad del daimió Takayama, el Shogún se limitó a quitarle todo poder, pues en sus campañas había constatado que los cristianos se contaban por decenas de millares y eso lo atemorizaba y contrariaba sus planes de un Japón totalmente unificado. Takayama buscó refugio bajo Konishi Yukinaga, un señor feudal cristiano, que aunque mucho más potente que Justo Takayama al punto de ser premiado con un feudo sustancial en Hyuga, era muy discreto en cuanto su afiliación cristiana. Bajo la protección de Konishi él y los suyos pudieron vivir tranquilos un tiempo. Tan pronto las cosas se pusieron ásperas, no queriendo dañar con su presencia a Konishi, Justo se presentó ante el Shogún y le dijo que estaba dispuesto a ser martirizado, pero como era tan respetado por los cristianos y no cristianos, fue desterrado al castillo del clan Maeda. En camino a camino Hokuriku, Justo y los suyos fueron predicando el Evangelio. Los asesinos enviados contra él fallaron en su propósito y para sorpresa de Maeda arribó y fue retenido por determinación del Shogún Hideyoshi.
Poco tiempo después las leyes persecutorias anti cristianas fueron dejándose en desuso.

El Shogún Ieyasu

En 1603, el emperador concedió a Tokugawa Ieyasu el título de Shogun. Éste estableció su capital en Edo, hoy conocida como Tokio. Los Tokugawa gobernarían Japón por cien años. Escaló al poder supremo del Japón feudal tras derrotar a los daimios leales a los Toyotomi en la batalla de Sekigahara en octubre de 1600, haciendo uso amplio de armas de fuego. Sólo 15 años después pudo deshacerse del Togugawa Hideyorí, hijo del otrora Shogún Hideyosi. Su gobierno fue férreo y totalitario. En el Japón de los Tokugawa no existía respeto alguno por los derechos individuales, y se evolucionó hacia un sistema de clanes familiares.

Poco a poco el nuevo Shogún tuvo oportunidad de unir completamente Japón, siendo el verdadero poder tras el trono del Shogún de fachada, su hijo Hidetada, desde 1605. En 1614, luego de la unificación bajo el gobierno efectivo de Tokugawa Ieyasu, el Shogún reinante Hidetada emitió un nuevo decreto de persecución de los cristianos. La razón parece ser que Ieyasu tuvo noticia de la presencia española y portuguesa en América, y ello le dio temor de la presencia de una quinta columna entre los cristianos. Se dio inicio a una campaña feroz de persecución, la obligación de registrarse en los templos budistas. Violencia y crueldad contra los cristianos marcaron esta nueva campaña que culminó con la revolución de Shimabara de 1637–38, en la que samurais descontentos hicieron causa común con los cristianos perseguidos y se sublevaron. Luego de la derrota y de una mayor intensificación de la política de erradicación de cristianos, sólo quedaron en las islas los llamados Kakure Kirishitan, cristianos clandestinos.

El Destierro

Tras el edicto de 1614 condenando la libertad de practicar la fe cristiana, Justo Takayama Ukon y poco más de 300 cristianos cercanos fueron deportados a las Filipinas, tierra católica. El 8 de noviembre de 1614, Justo y sus acompañantes abandonaron su país, embarcándose en Nagasaki en un viejo barco que las autoridades japonesas esperaban que nunca llegara a Filipinas, pues hacía agua.
Sin embargo, Justo Takayama, su familia y amigos sobrevivieron al azaroso viaje. Al llegar a las Filipinas el daimió Takayama fue recibido con honores militares y el entusiasmo de los católicos filipinos de Manila. Sin embargo, unos meses más tarde murió. Se cuenta que el pueblo lo llamaba “soldado de Cristo” como aparece en la estatua imponente elevada en Manila. Llegaron el 21 de diciembre y pasaron la Navidad entre un pueblo de su misma fe que los acogió con toda la cristiana cordialidad del filipino.

Takayama se había enfermado durante el viaje y fue convocado ante Dios 40 días después de la llegada del numeroso grupo a las Filipinas. Tras las ceremonias religiosas, recibió en los funerales honores militares.

La imagen de Justo Takayama Ukon se puede bajar en:
Takayama Ukon
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