Los españoles: una raza en extinción

barcelonavida: 15:55 10-03-2014

http://catinfor.com/wp-content/plugins/wp-o-matic/cache/6e02ecf570_padre-con-hijo-e-hija-2.jpgCarlos Palos. Los últimos datos publicados por la agencia europea de estadística, Eurostat, constatan que las españolas están entre las mujeres europeas que menos hijos tienen, una media de 1,32 hijos en 2012, lo que las coloca a la cola de la UE, solo por detrás de Portugal (1,28) y de Polonia (1,3). En ese mismo año, la media de las europeas tuvieron 1,58 niños por mujer.

Los países donde la tasa de natalidad es mayor son Irlanda y Francia, con 2 hijos por mujer, seguidos de Reino Unido (1,92) y Suecia (1,91).

Seguramente podremos achacar los datos a las pocas ayudas oficiales, y en parte así es, pero en otras épocas el hambre estaba presente en todas o casi todas las familias y las ayudas oficiales eran inexistentes, y la tasa de fecundidad en números elevadísimos.

Las verdaderas razones tendremos que buscarlas en el aburguesamiento, descristianización y paganización de una sociedad, antaño cristiana y ahora anti cristiana en muchos aspectos. La campaña contra las familias numerosas, contra la familia tradicional y en contra de la honestidad de costumbres ha sido feroz y los resultados debastadores.

La ideología de la desvinculación y de “vive la vida a tu manera sin que nadie te diga lo que es bueno y es malo” sigue presente. Los datos nos hablan de suicidio poblacional,  una situación tiene mucho que ver con el ocaso del imperio romano, cuando se dejaron arrasar por pueblos muy inferiores en bagaje cultural. En Roma ya no importaba la familia y la solidaridad brillaba por su ausencia, solo importaban los espectáculos sangrientos en la arena del circo.

Hay que ser optimistas por varias razones. Una de ellas es que en esta sociedad española permanece un núcleo de familias cristianas responsables y bien formadas que no se dejan arrasar. Otra, que la vida sana y el amor a la familia son valores cargados de belleza y de futuro. En el fondo, nadie puede querer para sí uniones que se rompen, hijos desperdigados, ni llegar a los cincuenta sin que nadie te diga que te lo debe todo y que gracias por existir.

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