Mis “grandes amigos” indios, senegaleses y coreanos

opusdei.es: 10:16 04-04-2014

Mis “grandes amigos” indios, senegaleses y coreanos

En el barrio hay muchos inmigrantes: marroquíes, senegaleses,
guineanos, rumanos, ucranianos, saharauis, de toda Hispanoamérica, etc. No
acaba de empezar la tarde y han pasado por mi tienda un ucraniano, un senegalés
y una familia rumana. Para todos soy el mago que hace funcionar ordenadores. Muchos
compran el ordenador porque lo necesitan –los inmigrantes para comunicarse con
sus familias lejanas–, pero no tienen dinero para repararlos. La mayoría vive
con lo puesto, así que en ocasiones debo sacar brillo a la chatarra. Procuro
siempre cobrar, a veces muy poco. Cuando esto ocurre me parece que ese trabajo
ofrecido a Dios tiene más valor.

¡Cuántas conversaciones con vecinos y clientes! ¡Aquí se está bien! Los
vecinos del barrio me conocen y yo he conocido a gente con un corazón de muchos quilates. ¡Con cuántas
personas he hablado de lo divino y lo humano en los más de 40 años que hace que
soy agregado del Opus Dei! Y desde hace unos años con personas que han llegado de
todas partes del mundo y que vienen por mi tienda.

Ayer, por ejemplo,
estuvo conmigo Papa. Está en
España desde hace seis años. Es un
musulmán senegalés, negro como el betún, pero de espíritu cristalino. Tiene 44
años está casado y tiene tres hijos.
Hablamos de lo que hablan dos amigos: de la familia, del trabajo, de Dios
–pienso que en el Cielo nos vamos a encontrar a muchos musulmanes con turbante
y todo–, de fútbol no –por no reñir, a mí no me gusta el fútbol–, etc., y
estamos a gusto. Él sabe –no es ningún
secreto en el barrio– que soy un católico que no se oculta. Que procuro hablar
con Dios –me ven ir a diario en Misa– y que procuro hablar de Dios a quien
quiere escuchar… Cuando le hablé a Papa
de la Virgen de Covadonga, enseguida me dijo: “nosotros –refiriéndose a
los musulmanes– también queremos mucho a la Virgen, es la madre de Jesús”
–profeta para los musulmanes, Dios para los cristianos–. Hemos hecho planes de visitar Covadonga con
su familia.

Jafet, Luis Jesús, Anny y D. Francisco

Me siento asturiano, aunque haya nacido en
Valladolid, vivo en esta tierra desde hace 52 años y aquí tengo enterrados a
mis padres. Quizá sea por esto mi carácter abierto y acogedor. Vivo muy feliz.
Doy gracias a Dios por tener muchos amigos, amigos de verdad, de los que hacen
bien al alma. La amistad supone siempre compartir la vida y eso conlleva penas
y alegrías.

Muchos de estos amigos son inmigrantes, que es muy duro, más si se lo recuerdan. Cuando les tratas como si fueran tu propia familia –así lo siento-, pasan de inmigrantes a ser tu familia

Algunos me dicen que qué hago para tener amigos tan
“peculiares”. ¿Peculiares? No los veo yo peculiares, más bien creo
que con el tiempo he aprendido a ver personas, sin fijarme ya en el envoltorio.
Todos necesitamos que nos escuchen. Muchos de estos amigos son inmigrantes, que
es muy duro, más si se lo recuerdan. Cuando les tratas como si fueran tu propia
familia –así lo siento–, pasan de inmigrantes a ser tu familia y puedes hablar
con toda confianza de tus preocupaciones y ellos de las suyas. Recuerdo ahora
mi amistad con Shoji, estudiante de arte japonés, durante una estancia de trabajo
en Madrid: aprovechaba las visitas al museo del Prado para hablarle de nuestra
fe a través de los lienzos de carácter religioso. Luego nos tomábamos, porque
le gustaban mucho, anchoas en vinagre y ¡un café con leche! No conseguí
acostumbrarme a esa mezcla de sabores.

Siguiendo con mis amigos “peculiares”, no puedo olvidarme de
Jafet, de Kerala, India. Vivió en mi casa. Era economista y actor de teatro,
con premios en su país. Aquí cuidaba enfermos. Ya regresó a su país, se casó y
ha tenido un niño. Tulio es pintor de brocha gorda, un brasileño de tez tostada
que pasa de los 40. Es toda una estrella bailando música latina. Quiere con
locura a su mujer y a su hija, que tiene
en Portugal.

Tulio (Brasil), Luis (Colombia) y Bertín (Camerún)

Otros de ellos es Bertín, de Camerún. Es biólogo,
estudió en Nigeria, sabe más de cuatro idiomas y varios dialectos
centroafricanos, pero en su tierra no ganaba lo suficiente para subsistir. Hizo
“el camino” a través del desierto del Teneré hasta Libia. De allí a Argelia y
luego a Marruecos, donde estuvo escondido tres años, esperando pasar a España
saltando la valla de Melilla. Se dedicaba a curar las heridas de los que lo
intentaban sin lograrlo. Al fin pasó a
Ceuta a bordo de una cámara de rueda de camión. Ha vivido por temporadas en mi
casa entre viaje y viaje a Irak, Sudán del Sur y República Centroafricana, con
Médicos sin Fronteras, pero no creo que vuelva a estas labores humanitarias. Lo
pasó muy mal cuando empezó la guerra en la República Centroafricana, además
conoció a Filomena y encontró trabajo en Bilbao. Están preparando la boda.

Bertín hizo “el camino” a través del desierto del Teneré hasta Libia. De allí a Argelia y luego a Marruecos, donde estuvo escondido tres años, esperando pasar a España saltando la valla de Melilla. Se dedicaba a curar las heridas de los que lo intentaban sin lograrlo.

Bertín me presentó a Luis, un colombiano de 57 años.
Es también un gran amigo. Añora mucho a su familia que permanece en Colombia y
reza mucho a Dios por su mujer y sus dos hijos. Trabajaba de albañil. Ahora,
hace algún trabajillo cuando le sale algo, no tiene ninguna ayuda del Estado.
Juntos –los cuatro– hemos hecho de todo: comidas, asistir a medios de formación
cristiana en Peñavera –Centro del Opus Dei por donde voy y que cumplió este año
su 50 aniversario–, excursiones por la provincia, misa dominical, con su
posterior vino, visitas a Covadonga…
Suelo recordarles que deben su vocación cristiana a sus padres, igual que yo, y
su piedad a su padre – los cuatro rezan todos los días el Rosario-. Coinciden en
decir que era su padre el que les inculcó esta costumbre cristiana. En el caso
de Bertín, Jafet y Luis sus padres rezaban más de un Rosario diariamente. Con
esa enseñanza ahora viven a fondo su fe y acuden a medios de formación
cristiana y, sobre todo, rezan y tienen a
Dios en el horizonte de sus vidas.

Emmanuel –Pope rumano– y su esposa Gabriela, con Ángel

A esta forma de vivir se puede unir Murphy –también
de Kerala–, profesor de Religión en un pueblo cercano a Oviedo. Coincidimos en Misa
por la mañana. Él me presentó a Jafet. Asistió a algún medio de formación en
Peñavera. Ahora está en contacto con un grupo neocatecumenal. Recién casado con
Anny, prometió a la Virgen de Covadonga presentarle el primer retoño que
tuvieran. Ya lo han tenido. En cuanto haga un poco de buen tiempo lo llevaremos
a la Cueva. Ángel, ingeniero jubilado
de la Nestlé, otro amigo del alma, nos preparará arroz con conejo en su casa.
Como la otra vez.

No puedo olvidarme de Kim, un coreano del que fui
muy amigo los años que estuvo aquí. Me lo presentó D. Rafael, un sacerdote de
79 años -entonces tenía menos-, que es cooperador de la Obra, y también vivía
en el barrio. Kim es ahora profesor de español en la Universidad de Seúl. En su
día colaboré para que pudiera recibir el bautismo y lo hizo en su patria. A los
pocos meses se bautizaron él, su mujer, su madre y su hija,
“Rafaela”, en honor a D. Rafael.

Al terminar Emmanuel comentó: -“Ella nos unirá”. A lo que yo contesté: -Amén. Me pareció muy emocionante, ver esas ansias de unidad de los cristianos en una sola Iglesia, en labios de un ortodoxo.

Por medio de D. Rafael conocí también a Emmanuel
–Pope rumano- y a su esposa Gabriela. Estuvieron en Asturias un par de días –se
alojaron en un apartamentito donde vivían D. Rafael y su madre–. Hablamos de
mil cosas referentes a sus actividades y de cómo vivíamos nuestra fe. El
segundo día visitamos Covadonga, asistimos a la Misa celebrada en la Cueva por
D. Francisco –sacerdote de la Obra–, que nos invitó a comer. A la vuelta, en el
coche, Gabriela propuso rezar el Rosario. Lo dirigió ella con un folleto que yo
le dejé. Fue un rosario trilingüe: español, rumano y la letanía en latín. Lo
rezamos piadosamente. Al terminar Emmanuel comentó: –“Ella nos unirá”. A lo que
yo contesté: –Amén. Me pareció muy emocionante, ver esas ansias de unidad de
los cristianos en una sola Iglesia, en labios de un ortodoxo. ¡Cuántas veces he
rezado por esta unión!

Como se puede suponer, detrás de cada nombre hay una
historia muy hermosa. Hay muchas más, pero eso alargaría este artículo y me
prometí ser breve.

opusdei.es

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