El Cardenal Rouco recuerda a Juan XXIII y a Juan Pablo II como “dos excepcionales santos de nuestro tiempo”

camineo.info: 11:01 23-04-2014

El Cardenal Rouco recuerda a Juan XXIII y a Juan Pablo II como “dos excepcionales santos de nuestro tiempo”

El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, en su alocución en el informativo diocesano de Cope, este domingo, hizo alusión a la Pascua de Resurrección, afirmando que “resucitó de veras quien es nuestro amor y nuestra esperanza: ¡Jesucristo, nuestro Señor!. Resucitó de veras para no morir jamás”. “A partir de ese momento” de la Resurrección, explicó, “se sucederán ininterrumpidamente las apariciones a sus discípulos… durante los 40 días que precedieron a su despedida definitiva en el día de su Ascensión a los Cielos”.
 
“¿Qué había ocurrido en aquel amanecer del primer día de una semana en la que la celebración de la Pascua judía en Jerusalén había estado dramáticamente marcada por la condena a muerte, la pasión y la crucifixión del que todos reconocían como el gran y misterioso Profeta de Nazareth, Jesús, hijo de María y del carpintero José, admirado y seguido emocionadamente por el pueblo y que había pasado haciendo el bien?”, se preguntó. “Lo ocurrido transcendía infinitamente el marco concreto de las circunstancia de tiempo, de lugar e incluso a los actores de lo que había acontecido. Transcendía la historia misma. Dios había llevado a la culminación su obra salvadora con el hombre. Su hijo, hecho carne para la vida del mundo, había triunfado sobre la muerte para que todos pudiéramos triunfar con Él”.”Es posible, aseguró, ya no es ninguna utopía vacua o engañosa, sentir y vibrar con la esperanza de que nosotros podremos participar plenamente en la victoria de quien es ‘la Vida’, ¡Jesucristo Resucitado! Máxime, si hemos sido incorporados de hecho a Él por el bautismo”.

“Desde aquel primer Domingo de un nuevo tiempo para el hombre, el Domingo de la Resurrección del Señor, podemos vivir en verdad y de verdad porque podemos vivir en la Gracia de Dios: ¡en Dios!”.Recordó que “la experiencia de la muerte tiene en el hombre como un punto o momento primero y neurálgico de referencia: su muerte física. Explicar su por qué y para qué se revela como imposible si la luz de la razón no se deja purificar y envolver por el resplandor de una luz más grande: por la luz de la fe. Más concretamente, si no se abre a la fe en Jesucristo Resucitado. No hay otra alternativa al Sí de nuestro entendimiento y de nuestro corazón a Jesucristo Resucitado que o bien la de la impotencia desesperada o bien la de la frustración escéptica. Iluminados por la fe reconocemos, primero, que la sede frontal de la vida reside en nuestro interior: brota del fondo del alma. Nuestra vida es, ante todo, vida del espíritu que conforma y configura nuestra vida corporal confiriéndole personalidad visible; y, en segundo lugar, que en la Resurrección de Jesucristo, Hijo de Dios, hijo del hombre, la muerte del alma puede ser inmediatamente vencida por la victoria de su gracia, es decir, por la nueva Vida del Espíritu”. “Más aún, la propia muerte del cuerpo, su lento desmoronarse en la enfermedad y en el dolor, aceptado y asumido en Cristo y con Jesucristo Crucificado y Resucitado, se transformará en “paso” para la Vida gloriosa: en “paso” por el amor que nos va madurando interiormente para la vida eterna. Nos va madurando en su santidad y para la santidad”.

“En el Domingo de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, ha quedado abierto y expedito el camino de la santidad: la vía auténtica de la transformación de las persona y de la sociedad: la única segura. Los que la andan persevante y fielmente son los verdaderos reformadores del hombre y de su historia: los que aman de verdad a sus hermanos, lo más necesitados”, aseguró. “Son aquellos que desde el interior de la Iglesia la mueven e impulsan a ser consecuentemente misionera: portadora de la luz de la fe y de la esperanza en Jesucristo para la humanidad siempre doliente de cada época de la historia; también de la nuestra. Y, sobre todo, los que la invitan a mirarlo y a contemplarlo con la mirada de un corazón enamorado que le ama y que le quiere amar con todos y por todos los peregrinos del mundo en marcha hacia la eternidad gloriosa”.

Recordó la canonización, el próximo domingo, de “dos excepcionales Santos de nuestro tiempo”, los Beatos Juan XXIII y Juan Pablo II, a quienes la Virgen “ha guiado y acompañado en el itinerario espiritual de sus almas con una entrañable ternura”. “Descansando” en la “cercanía maternal” de la Virgen, “y en su intercesión, e imitando su gozo pascual, podremos ser con el “Aleluya” de nuestras palabras y de nuestras vidas los testigos y misioneros valientes y jubilosos de Jesucristo Resucitado que nuestro tiempo tanto necesita. ¡Seamos sembradores de la alegría del Evangelio!”.

camineo.info

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